Recomendaciones generales |
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La Semana Santa es un espectáculo sensorial sin precedentes. Los cinco sentidos del ser humano deben permanecer atentos a todo cuanto sucede a su alrededor. Pero han de estar preparados. La sobreexposición a la que Granada les puede someter puede crear tales niveles de adicción que sería imposible no acudir año tras año a la cita cofrade la ciudad.
La Semana Santa de Granada es de dimensiones pequeñas. La estrechez de sus calles, las pequeñas dimensiones de las puertas de sus templos reducen los conceptos espacio y tiempo a los niveles justos de belleza. Los cortejos no son muy grandes, aunque eso dependerá de objeto con los que los comparemos. Porque en Granada tienen el tamaño justo para revolverse por las callejuelas del centro o del Albaicín la noche del Jueves Santo.
La Semana Santa de Granada es Realejo, barrio castizo y señero, padre del movimiento cofrade granadino. La Semana Santa de Granada es Plaza Nueva y Carrera del Darro. La Semana Santa de Granada es Albaicín de chicotás imposibles. La Semana Santa de Granada es centro histórico, elgancia y rancio abolengo. Pero no nos podemos olvidar de una de las zonas “nuevas” de la ciudad que empuja con fuerza también en Semana Santa, el barrio del Zaidín. Allí no caben los tópicos de los rincones escasos y el marco incomparable. Allí las avenidas y los edificios altos son el escenario para hermandades jóvenes, pujantes, ilusionadas y creadoras de un estilo propio.
La Semana Santa de Granada es una explosión de colores, olores, texturas, sabores… La Semana Santa de Granada, merece la pena.